martes, 20 de enero de 2026

La oración como acto de poder interior

Desde la tradición hermética, expresada en El Kybalion y atribuida a la sabiduría de Hermes Trismegisto, la oración no es un acto de súplica, sino un acto de gobierno mental. Si “el TODO es Mente”, entonces toda oración auténtica es una operación mental consciente que reorganiza la realidad interior del individuo antes de manifestarse en lo exterior. Orar no es pedir: es alinear la mente individual con la Mente Universal, creando coherencia entre pensamiento, intención y realidad.



En esta visión, la oración fortalece la voluntad, la concentración y la claridad interior. La mente se disciplina, se ordena y se eleva. Así, la oración se convierte en una herramienta de autodominio, no de dependencia espiritual. El ser humano no se arrodilla ante el cosmos: se armoniza con él.

Desde la perspectiva masónica, la oración cumple una función aún más profunda. En la tradición simbólica de la Masonería, el trabajo del iniciado no es externo, sino interno: la construcción del Templo Interior. La oración es una herramienta de pulimento del alma, equivalente al uso del cincel y el mazo sobre la piedra bruta. No busca favores, sino rectificación interior.

El beneficio masónico de la oración no es místico, sino iniciático: ordena el caos interior, fortalece el carácter, estabiliza la emoción y despierta la conciencia. Es un acto de verticalidad espiritual, donde el iniciado se alinea con los principios universales de Orden, Ley, Verdad y Armonía.

Así, tanto para el hermetismo como para la masonería, la oración no es un rito pasivo, sino un acto de transformación consciente. No transforma a Dios, no altera al Universo: transforma al hombre. Y cuando el hombre se transforma, el mundo responde por ley.

En síntesis:

La oración no es debilidad espiritual, es disciplina mental.

No es dependencia, es alineación.

No es superstición, es ciencia del espíritu.

No es pedir luz: es convertirse en ella.

Así, tanto para el hermetismo como para la masonería, la oración no es un rito pasivo, sino un acto de transformación consciente. No transforma a Dios, no altera al Universo: transforma al hombre. Y cuando el hombre se transforma, el mundo responde por ley.

En síntesis:

La oración no es debilidad espiritual, es disciplina mental.

No es dependencia, es alineación.

No es superstición, es ciencia del espíritu.

No es pedir luz: es convertirse en ella.

V:.A:.H:.

R:.H:. Victor Hugo Valdez Vásquez